Los conceptos de modalidad regional, dialecto y variedad
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Miguel Calderón Campos
Universidad de Granada

Enlace al original:

En este artículo pretendo ofrecer una visión panorámica de las áreas lingüísticas en que se divide el mundo de habla española. Como verán, se trata de una clasificación muy matizable, en la que, a veces, la claridad didáctica predomina sobre la heterogeneidad real de las hablas hispánicas.

Para realizar este resumen utilizo dos trabajos fundamentales: un artículo de Antonio Llorente, titulado «Variedades del español en España», y otro de M. Beatriz Fontanella de Weinberg, de título «La estandarización del español bonaerense». El primero es una presentación muy sucinta y clara del mapa lingüístico de España, sirviéndose de dos conceptos clave, el de dialecto y el de modalidad regional. El segundo desarrolla el concepto de estandarización policéntrica, una noción necesaria para cualquier intento de clasificación de las áreas lingüísticas del español americano.
 

Modalidades regionales / dialectos en el dominio hispánico

En el ámbito de la lengua española podemos distinguir, en un primer acercamiento, entre hablas o modalidades regionales, por una parte, y dialectos regionales o simplemente dialectos, por otra. Las hablas o modalidades regionales presentan particularidades fonéticas y, secundariamente, léxicas, mientras que los dialectos, además de las citadas diferencias, muestran otras de carácter morfosintáctico.[3]

Sigo, en este aspecto, la opinión defendida por Mondéjar y Llorente. Para ambos, dentro del dominio lingüístico del español solo hay dos dialectos o conjuntos de hablas dialectales: el conjunto de las hablas dialectales leonesas o asturleonesas, y el conjunto de las hablas dialectales aragonesas o altoaragonesas:

[...] Ni las hablas del sur y del oeste de la Península, ni las hablas de Canarias, ni el español de América pueden ni deben ser consideradas como dialectos, sino simplemente como modalidades regionales del español, modalidades con fuerte personalidad, eso sí, pero no con la personalidad suficiente para alcanzar el rango de dialecto, sobre todo porque las particularidades que presentan son de orden casi exclusivamente fónico y no tienen, por tanto, personalidad morfosintáctica, conditio sine qua non para que un habla ostente la categoría de dialecto [...] Por ello no puede sostenerse que el extremeño, el murciano, las hablas andaluzas, el español de América sean dialectos [...][4]

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Mondéjar distingue el sentido coloquial de dialecto, interpretado como ‘manera de hablar’, de la acepción técnica, e insiste en que para que una variedad adquiera la categoría de dialecto es necesario que se vean alteradas las estructuras fonológica, morfosintáctica y lexicosemántica.[5]

En sentido no técnico, por ejemplo, el andaluz puede considerase un dialecto del español, esto es, una manera de pronunciar el español; técnicamente, es preferible hablar de hablas andaluzas, puesto que en ellas no se ha producido apenas diferenciación morfosintáctica.[6]

Así pues, emplearé el término dialecto en el sentido técnico propuesto por Mondéjar y Llorente. También, técnicamente, hablaré de hablas o modalidades regionales para aludir a aquellas variedades no diferenciadas morfosintácticamente.

Por otra parte, es preciso reconocer que la diferencia entre dialecto y lengua es de carácter extralingüístico (político, social, etc.), puesto que, estructuralmente, no hay diferencia entre ambos conceptos: pluma Auto de LED coche JIAXUN de probador diagnóstico Ok8nPw0X

En el origen, respecto del latín de que proceden, todos los dialectos romances de la Península Ibérica [...] son iguales sociológica, cultural y literariamente [...]: sociológicamente, porque eran igual de eficaces en el acto de la comunicación; culturalmente, porque como máximo, eran vehículo de una cultura material [...]; y literariamente, porque, cuando se escribían, era para redactar una carta de compra-venta, una partición de tierras, una donación, y cosas por el estilo. Pero, en el curso del tiempo, lo que era casi igual se va diferenciando, y por circunstancias del todo extralingüísticas [...] uno de esos dialectos se convierte en «lengua».[7] Ahora bien, a partir de entonces ya no puede concebirse la lengua en sentido estrictamente lingüístico, por la sencilla razón de que lo que la caracteriza como tal también lo poseen los dialectos: una estructura de elementos funcionales y un sistema de relaciones entre los elementos organizados.[8]
 

Variedades histórico-geográficas. Clasificación

Para Llorente,[9] dentro del dominio de la lengua española cabe hablar de:

I.  Hablas dialectales

En sentido estricto (v. más arriba), solo hay dos auténticos dialectos: el conjunto de las hablas dialectales leonesas o asturleonesas, y el conjunto de las hablas dialectales aragonesas o altoaragonesas.

Las primeras se hallan fragmentadas en distintos subdialectos. Los que ofrecen más vitalidad son los subdialectos asturianos, los subdialectos de la mitad occidental de Cantabria, los subdialectos del noroeste de la provincia de León y los del noroeste de la provincia de Zamora. El resto del antiguo dominio dialectal leonés está prácticamente «españolizado».[10]

El antiguo dialecto aragonés[11] hoy solo pervive en los valles pirenaicos de Huesca y en las comarcas del Ribagorza y de la Litera. Fragmentación, heterogeneidad y escasa vitalidad son sus rasgos fundamentales. En el resto del antiguo dominio dialectal aragonés las hablas se hallan totalmente españolizadas.[12]Lamp Moose Lamps Antler Table Moose Antler 0nm8wN

El aragonés y el leonés (junto con el mozárabe) reciben también el nombre de dialectos históricos. Se trata de dialectos del latín que no han alcanzado la categoría de lengua[13] y que se fueron castellanizando progresivamente (el leonés desde el s. XIII y el aragonés desde el XIV). Aragón y León perdieron poder frente al empuje de Castilla y el aragonés y el leonés quedaron recluidos en ámbitos rurales, para uso familiar e informal. En estos territorios, el papel de lengua culta correspondía, cada vez más, al español.[14] La situación sociolingüística de estos dialectos responde bastante bien al panorama que dibuja J. Borrego Nieto para el leonés:

Lo típico es que en las comunidades en que el dialecto muestra aún huellas abundantes haya tres tipos de hablantes: a) aquellos en que predomina claramente la variedad prestigiosa que llega del exterior [...] En este grupo predominan los jóvenes, pero no simplemente por serlo sino porque tienen mayor acceso a esa norma exterior. b) En el polo puesto, aquellos otros en que los restos del dialecto son más evidentes, es decir, los informantes mimados por los dialectólogos tradicionales: ancianos, analfabetos, poco viajados. En realidad, cualquier hablante de cualquier sexo y edad, confinado en la comunidad y sin estudios. c) Por último, el grupo más numeroso, el usuario medio más o menos familiarizado, según los casos, con las dos variedades. Es el que posee mayor flexibilidad estilística, es decir, mayor capacidad para cambiar de registro si lo exigen el interlocutor o la situación.[15]
 

II. Modalidades regionales mano 97 34 en Madrid en por esquís Lámpara ski € de segunda MLqSUzGVp

Se incluyen aquí aquellas modalidades del español que no alcanzan categoría de dialecto:

1. Hablas meridionales
Bajo este epígrafe deben incluirse, según Llorente,[16] las hablas del sur de Salamanca y Ávila, del oeste extremo de Toledo, de Extremadura, del sur manchego, de Murcia, de Andalucía,[17] de Canarias[18] y de Hispanoamérica.[19]

2.  Modalidad regional leonesa
Es la modalidad del español que se habla en toda el área castellanizada del antiguo dominio lingüístico leonés, que incluye, además de la mayor parte de las provincias de León, Zamora y Salamanca, la zona occidental de Palencia, Valladolid y Ávila.[20]

3.  Modalidad regional aragonesa o navarro-aragonesa
Es la modalidad del español que se habla en toda el área castellanizada del antiguo dominio lingüístico aragonés.

4.  Modalidad castellana del español
Se incluye aquí el español hablado en Castilla, una Castilla muy mermada, pues ha perdido la zona occidental de Palencia, Valladolid, Ávila, gran parte de la llamada Castilla la Nueva, donde encontramos hablas meridionales (oeste de Toledo, mitad meridional de La Mancha), y la zona serrana de Ávila.[21]

5. El español hablado en las regiones bilingüesmesa Lámpara de metálica de metálica de metálica Lámpara mesa mesa Lámpara Lámpara eoQCBWExrd
Se trata, evidentemente, del español hablado en el dominio lingüístico catalán,[22] del español hablado en Galicia[23] y del hablado en el País Vasco y Navarra.[24]

6. Hablas híbridas o de transición
Entre ellas, podemos citar: (1) las hablas extremeñas,[25] a caballo entre las hablas leonesas y las meridionales; (2) el murciano,[26] con rasgos meridionales en la pronunciación y aragoneses y catalanes en el léxico; (3) el habla de Cantabria,[27] con elementos propios del español del dominio lingüístico vasco, leoneses y castellanos; y (4) las hablas de la Rioja,[29] híbrido de rasgos del español del País Vasco, castellanos y navarroaragoneses.[29]

No quiero terminar este apartado sin aludir a la clasificación histórica que hace Rafael Lapesa de estas modalidades y dialectos citados.[30] Distingue Lapesa entre:

1) Variedades solariegas, esto es, las existentes en Castilla la Vieja (solar del idioma), la parte oriental y llana del antiguo reino de León y la septentrional de Castilla la Nueva, con Madrid, la Alcarria, Sigüenza y la serranía de Cuenca. Coincide con la filamentos bombilla led – retro MyPress 8yvN0OmnwPmodalidad regional castellana, empleando la terminología de Llorente.

2) Variedades de expansión y avanzada, denominación que se aplica a aquellas modalidades que han surgido en regiones donde el castellano se extendió por conquista, repoblación o colonización desde finales del siglo xi: Toledo y La Mancha, Extremadura, Andalucía, Murcia, Canarias y América. A grandes rasgos, son las hablas meridionales de Llorente.

3) Variedades de adstrato, es decir, aquellas modalidades fruto de la convivencia del castellano con otras lenguas o dialectos en zonas bilingües, esto es, el español hablado en el dominio lingüístico catalán, en Galicia y en el País Vasco y Navarra. También el español hablado en aquellas zonas donde perviven los dialectos asturiano y aragonés (vid. supra).

4) Variedades procedentes de sustrato, esto es, el español de aquellas regiones donde antes se habló otra lengua o dialecto que, aunque desaparecidos, han dejado en él huellas prosódicas, gramaticales o léxicas. Fundamentalmente, se refiere Lapesa a la modalidad regional leonesa y a la modalidad regional aragonesa del esquema de Llorente.

5) Variedades de diáspora, con las que Lapesa hace referencia al judeoespañol, al espanglish o al chicano.
 

Hablas meridionales / hablas centro y norte peninsulares

Eliminando detalles, podríamos agrupar las modalidades regionales del español de España en dos grandes bloques: las hablas meridionales y las hablas centro y norte peninsulares.

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Las primeras se caracterizan, fundamentalmente, por la relajación de las consonantes implosivas, es decir, por la tendencia de las consonantes en posición final de sílaba o de palabra (especialmente -s) a aspirarse (ehte, cahco), a asimilarse a la consonante siguiente (canne, pienna)

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o a desaparecer ( ‘más’, ‘sol’, comé ‘comer’). Este es sin duda el rasgo más general de las modalides meridionales. A este fenómeno general podemos añadir otros de distribución más irregular, como la pérdida extrema de -d- intervocálica,[31] el seseo,[32] el ceceo o la articulación aspirada correspondiente a la velar fricativa sorda (/x/) del español general (hamón, hardín).[33]

Las hablas norte y centro peninsulares se caracterizan de manera muy genérica por la presencia de tres rasgos:

    1. La distinción s / [zeta]
    2. El mantenimiento de la tensión de las consonantes implosivas.
    3. Una cierta generalización en el habla espontánea del leísmo[34] y del laísmo.[35]
 

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Las dificultades de aplicar el esquema de Llorente al español de América

Los esquemas de Llorente y Lapesa son útiles para describir las variedades geográficas del español de España, pero parecen insuficientes cuando se aplican a la realidad americana. Tanto Llorente como Lapesa incluyen el español de América bajo epígrafes excesivamente abarcadores y heterogéneos, como son, respectivamente, el de hablas meridionales y el de variedades de expansión y avanzada. De esta forma, el español de América aparece caracterizado equívocamente como una modalidad homogénea, situada, además, al mismo nivel que las hablas andaluzas, canarias o murcianas.

Uno de los tópicos más generalizados sobre el español americano es el de su homogeneidad:[36]

El español americano presenta [...] una sólida homogeneidad sobre todo dentro de los niveles cultos. Las diferencias son más marcadas en las capas semicultas y vulgares. A pesar de todo, las diferencias, dentro del enorme territorio americano, son mínimas dentro de la estructura total del habla. Hay muchas menos diferencias entre dos regiones cualesquiera de la enorme América, por separadas que se encuentren, que entre dos valles vecinos de Asturias, por ejemplo. A lo largo del Nuevo Mundo, desde Nuevo Méjico a la Tierra del Fuego, los fenómenos fonéticos se repiten.[37]

Sin embargo, un somero repaso de algunos rasgos del español americano es suficiente para terminar con el mito de la uniformidad: pensemos en el rehilamiento porteño,[38] en las vocales caedizas mexicanas,[39] en los distintos tipos de voseo presentes a lo largo del territorio,[40]colores de mesa Lámpara de 3D modelo de baloncesto fYb76gyv y por supuesto, en la variación léxica, acusada especialmente en el nivel coloquial.[41]

Todos los intentos de clasificación que hagamos se encuentran en la práctica con graves inconvenientes.[42] Tampoco nos sirven para el español americano los conceptos de dialecto y modalidad regional, que tan útiles fueron para describir las variedades de España. Prueba de ello la tenemos en el español de la Argentina. ¿Es una modalidad regional del español, encuadrada dentro del español meridional? ¿o debemos considerarla una variedad dialectal, puesto que el voseo supone una peculiaridad morfosintáctica? Si somos consecuentes con los criterios de Llorente y Mondéjar, no tendríamos más remedio que considerar el español de la Argentina como un dialecto del español; por el contrario, el español de Méjico o de Perú, bien diferenciados fo-nética y léxicamente, pero no morfosintácticamente, serían simples modalidades regionales del español, lo cual no deja de ser contradictorio.

Por último, los esquemas de Llorente y Lapesa ponen en plano de igualdad, dentro de las hablas meridionales o de expansión y avanzada, al español de América con las hablas andaluzas o canarias, cuando es evidente que en algunas variedades americanas ha culminado un proceso de estandarización ligeramente divergente respecto del español peninsular, estandarización que no se ha dado ni en el andaluz,[43] ni en el canario, ni en el murciano.

Por eso es fundamental tener en cuenta el desarrollo que hace B. Fontanella del concepto de estandarización policéntrica. Para esta autora, el español actual es una lengua que cuenta con varias modalidades estandarizadas (el español de España, el de Méjico, el bonaerense, etc.), entendiendo por tales aquellas que cumplen las siguientes condiciones:

1. Estabilidad flexible

Toda variedad estándar es estable, puesto que es el resultado de una normalización que se ha plasmado en gramáticas y diccionarios, pero al mismo tiempo está abierta a aquellas transformaciones que exige la sociedad de la que es vehículo de comunicación (pensemos en las novedades léxicas y semánticas del mundo de la informática, por ejemplo).

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2. Intelectualización

La modalidad estándar debe ofrecer a los hablantes los recursos suficientes para expresar con todo rigor y precisión conceptos no solo de la vida material[44] sino también de la vida afectiva, intelectual y científica.

3. Arraigo

Los hablantes, libremente, consideran como suya una determinada modalidad estándar. Este concepto de arraigo se relaciona con otros tres: el estándar sirve de marco de referencia (el modelo o conjunto de obligaciones y restricciones que operan de hecho en una comunidad lingüística), es una modalidad de prestigio (que impulsa el ascenso social) y permite la participación en todo tipo de actos culturales, tecnológicos, económicos y sociales. No es estándar, por tanto, aque-lla modalidad que se abandona para hablar en público, por ejemplo, porque no es prestigiosa o no ofrece un marco de referencia uniforme.

Estos conceptos son especialmente importantes cuando tratamos del español americano. ¿Piensan los americanos en el español de España como su variedad estándar o por el contrario existe claramente una modalidad estándar regional o nacional diferente de la europea? Casi nadie duda ya de que el español de España solo funciona como modelo o marco de referencia en España, y que esta función la ejercen otras variedades estandarizadas en América. Lejos han quedado los intentos de algunos puristas americanos del XIX de imitar la /[zeta]/ castellana en el habla más formal. Hasta el primer tercio del siglo XX, muchos argentinos evitaban el vos en la escritura. Hoy, el voseo se ha generalizado en los medios de comunicación, en la publicidad, en el cine, en la escuela, en la comunicación epistolar, etc., lo que demuestra que ha culminado el referido proceso de estandarización policéntrica.

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La estandarización es el correlato lingüístico de la urbanización, pues de hecho, no hay estandarización lingüística en sociedades tribales o rurales.

Por último, la variedad estándar unifica al grupo que la utiliza (función unificadora), y al mismo tiempo lo separa de los hablantes de otras variedades lingüísticas (función separadora).

Es evidente que la etiqueta español de América incluye a variedades estandarizadas (¿tantas como países?), que una a una habrá que delimitar con precisión. Pero esta tarea está aún por hacer. Tendremos que esperar, entre otras cosas, a que se publiquen los atlas lingüísticos actualmente en proceso de elaboración.[45]
 


[Notas]

1. Publicado en: Manuel Seco y Gregorio Salvador (coords.), La lengua española, hoy, Madrid, Fundación Juan March, 1995, pág. 87-94. [volver al texto]

2. Publicado en Scripta Philologica. Homenaje a J. M. Lope Blanch, México, El Colegio de México, 1992, ii, pág. 425-437. [volver al texto]

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3. Suzanne Romaine, El lenguaje en la sociedad. Una introducción a la sociolingüística, Barcelona, Ariel, 1996, pág. 35. [volver al texto]

4. A. Llorente, art. cit., pág. 88. [volver al texto]

5. José Mondéjar, «La norma lingüística del español y la pretendida norma de las hablas andaluzas», Analecta Malacitana, XVIII, 1 (1995), pág. 32. mesa Lámpara de metálica de metálica de metálica Lámpara mesa mesa Lámpara Lámpara eoQCBWExrd[volver al texto]

6. Evidentemente, no todos piensan de la misma forma. Baste recordar la opinión de Alvar, que considera que el andaluz sí es un dialecto. Para Alvar, dialecto es «‘un sistema de signos desgajado de una lengua común, viva o desaparecida; normalmente, con una concreta limitación geográfica, pero sin una fuerte diferenciación frente a otros de origen común’. De modo secundario, pueden llamarse dialectos ‘las estructuras lingüísticas, simultáneas a otras, que no alcanzan la categoría de lengua’» (Manuel Alvar, «¿Qué es un dialecto?», en Manuel Alvar (dir.), Manual de dialectología hispánica. El Español de España, Barcelona, Ariel, 1996, pág. 5-14. La oposición lengua / dialecto está tratada en S. Romaine, El lenguaje en la sociedad, cit., pág. 28-36; Y. Lastra, Sociolingüística para hispanoamericanos, México, El Colegio de México, 1992, pág. 27-33; J. K. Chambers, P. Trudgill, La Dialectología, Madrid, Visor, 1994, capítulo I, pág. 19-33; Joshua Fishman, Sociología del lenguaje, Madrid, Cátedra, 1995, 4.ª ed., pág. 47-59; Francisco Moreno Fernández, Principios de sociolingüística y sociología del lenguaje, Barcelona, Ariel, 1998, pág. 86-87. En todos estos trabajos se puede apreciar cómo los conceptos de lengua y dialecto suelen tener carácter valorativo y no puramente descriptivo, por lo que muchos lingüistas prefieren hablar de variedades o lectos, voces desprovistas de connotaciones. [volver al texto]

7. Lo que le ocurrió al castellano, cuya denominación más acertada es la de lengua española, especialmente a partir del s. XVI. [volver al texto]modernos de KANGLámpara de Led apliques estudio Sala techo wOvmN8n0

8. J. Mondéjar, art. cit., pág. 36-37. [volver al texto]

9. Art. cit., pág. 87. [volver al texto]

10. Para más detalles sobre el asturiano y el leonés, pueden verse los siguientes trabajos: Josefina Martínez Álvarez, «Las hablas asturianas», en M. Alvar (dir.), ob. cit., pág. 119-133; Álvaro Galmés de Fuentes, «La lengua de Asturias en su entorno social», en Actas del I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, Madrid, Arco/Libros, 1988, pág. 1383-1399; Jesús Neira, El bable. Estructura e historia, Salinas, Ayalga, 1982; X. L. García Arias, «Asturiano. Evolución lingüística externa», en Lexicon der Romanistischen Linguistik, VI, 1, Tübingen, Max Niemeyer, 1992, pág. 681-693; X. L. García Arias, Contribución a la gramática histórica de la lengua asturiana y a la caracterización etimológica de su léxico, Uviéu, Biblioteca de Filoloxía asturiana, 1988; Ramón de Andrés ofrece una bibliografía actualizada sobre el asturiano: «Bibliografía de sociollingüística del asturianu», Revista de Filología Románica, 13 (1996), pág. 389-397; Julio Borrego Nieto, «Leonés», en M. Alvar (dir.), ob. cit., pág. 139-158; Ana M. Cano González, «Asturiano / Leonés. Evolución lingüística interna», en Lexicon der Romanistischen Linguistik, VI, 1, cit., pág. 652-680; X. L. García Arias, «Las ”scriptae” asturianas y leonesas», en Lexikon der Romanistischen Linguistik, II, 2, Tübingen, Max Niemeyer, 1995, pág. 618-649. [volver al texto]

11. Una buena visión de conjunto sobre el navarro / aragonés, puede verse en Carmen Saralegui, «Aragonés / Navarro. Evolución lingüística externa e interna», en Lexicon der Romanistischen Linguistik, vi, 1, cit., pág. 37-54. Véanse también: Manuel Alvar, «Aragonés», en M. Alvar (dir.), ob. cit., pág. 263-291; F. Fernández Ollé, «Navarro», en M. Alvar (dir.), ob. cit., pág. 305-316; para el estudio de las hablas vivas es fundamental el Atlas lingüístico y etnográfico de Aragón, Navarra y Riojamesa Lámpara de metálica de metálica de metálica Lámpara mesa mesa Lámpara Lámpara eoQCBWExrd (ALEANR), 12 vols., dirigido por M. Alvar, con la colaboración de A. Llorente y T. Buesa, Madrid - Zaragoza, CSIC - Institución Fernando el Católico, 1979-1983. Para los estudios posteriores basados en el atlas, v. R. M. Castaño y J. M. Enguita, «Una década de estudios sobre el ALEANR», Archivo de Filología Aragonesa, XLII-XLIII (1989), 241-257; un buen resumen de los principales rasgos lingüísticos de las hablas altoaragonesas puede verse en Rosa M. Castañer Martín, «Contribución al estudio de las hablas altoaragonesas», en Actas del III Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, Madrid, Pabellón de España, 1993, II, pág. 1021-1034. [volver al texto]

12. A. Llorente, art. cit., pág. 88. [volver al texto]

13. Aunque actualmente se está produciendo en Aragón y Asturias un intento de revitalizar y estandarizar la «fabla aragonesa» y la «llingua asturiana», intento que cuenta, obviamente, con detractores y defensores, y cuyas discusiones son más de carácter político que lingüístico. Para esta cuestión pueden verse: Ramón D'Andrés, «La situation sociale de la langue asturienne», en Informe so la llingua asturiana / Rapport sur la langue asturienne, Uvieu, Academia de la Llingua Asturiana, 1987, pág. 79-94; X. L. García Arias, «A la recherche de la langue standard», en Informe..., cit., pág. 95-100; Roberto González-Quevedo y Antón Fuertes, «Lengua Asturiana: normalización y reacciones sociales», Lletres Asturianes, 36 (1990), pág. 143-155. [volver al texto]

14. Véase Pilar García Mouton, Lenguas y dialectos de España, Madrid, Arco/Libros, 1994, pág. 16. [volver al texto]mesa Lámpara de metálica de metálica de metálica Lámpara mesa mesa Lámpara Lámpara eoQCBWExrd

15. J. Borrego Nieto, art., cit., pág. 140-141. [volver al texto]

16. Art. cit., pág. 88. [volver al texto]

17. Para una visión de conjunto sobre las hablas andaluzas pueden verse: José Mondéjar, «Áreas lingüísticas II. Andalucía», en Lexikon der Romanistischen Linguistik, VI. 1, cit., pág. 504-521 y Antonio Narbona, Rafael Cano y Ramón Morillo, El español hablado en Andalucía, Barcelona, Ariel, 1998. [volver al texto]

18. Para más detalles sobre las hablas canarias, véanse: M. Almeida y C. Díaz Alayón, El español de Canarias, Santa Cruz de Tenerife, Aula de Cultura de Tenerife, 1989; M. Teresa Echenique, «Áreas lingüísticas III. Canarias», en Lexikon der Romanistischen Linguistik, VI, 1, cit., pág. 522-525; Javier Medina López y D. Corbella (eds.), El español de Canarias hoy: análisis y perspectivas, Frankfurt am Main - Madrid, Vervuet - Iberoamericana, 1996; M. Alvar, «Canario», en M. Alvar (dir.), ob. cit., pág. 325-340. [volver al texto]Lámpara Lámparas sin Compra sin barato Cables » Cables OkXZilwTPu

19. Hay una enorme bibliografía sobre el español de América: me limitaré a citar tres trabajos de conjunto: C. Hernández Alonso (coord.), Historia y presente del español de América, Valladolid, Junta de Castilla y León, pabecal, 1992; Manuel Alvar (dir.), Manual de dialectología hispánica. El español de América, Barcelona, Ariel, 1996 y M. Beatriz Fontanella de Weinberg, El español de América, Madrid, Mapfre, 1992. [volver al texto]

20. Art. cit., pág. 89. [volver al texto]mesa Lámpara de metálica de metálica de metálica Lámpara mesa mesa Lámpara Lámpara eoQCBWExrd

21. Véanse: Francisco Miguel Martínez Martín, «Áreas lingüísticas I. Castilla», en Lexikon der Romanistischen Linguistik, VI. 1, cit., pág. 494-503; César Hernández Alonso, «Castilla la Vieja», en M. Alvar, (dir.), Manual de dialectología hispánica. El español de España, cit., pág. 197-212; Francisco Moreno Fernández, «Castilla la Nueva», en M. Alvar (dir.), Manual de dialectología hispánica. El español de España, ob. cit., pág. 213-232. [volver al texto]

22. Para una visión de conjunto, véase Monserrat Casanovas Catalá, «Algunos rasgos propios del español en las comunidades de habla catalana: fonética, morfosintaxis y léxico», Analecta Malacitana, 19, 1 (1996), 149-160. [volver al texto]

23. Véase: Maria do Carmo Henríquez Salido, «Interferências lingüísticas na direçón galego-espanhol na Comunidade Autónoma Galega», Agália, 50 (1997), 205-217. [volver al texto]

24. Para esta cuestión pueden verse: Maitena Etxebarría Aróstegui, «El castellano actual en el País vasco: estudio de interferencias», en El castellano actual en las comunidades bilingües de España,Venta Concepción Loosli en de Casa lámparas con Y6gb7yfv Salamanca, Junta de Castilla y León, 1986, pág. 93-104; Hernán Urrutia Cárdenas, «El español en el País Vasco: peculiaridades morfosintácticas», Letras de Deusto, 40 (1988), 33-46; M. Teresa Echenique, «La lengua castellana hablada en el País Vasco. A propósito de los clíticos de tercera persona», en Antonio Briz y otros (ed.), Pragmática y gramática del español hablado. Actas del II Simposio sobre análisis del discurso oral, Valencia, Universidad de Valencia - Pórtico, 1996, pág. 65-75. [volver al texto]

25. Para esta modalidad, véanse: A. Viudas, M. Ariza, A. Salvador, El habla de Extremadura, Salamanca, Ed. Regional, 1987; Juan Felipe García Santos, «Extremeño», en Lexikon der Romanistischen Linguistik, vi, 1, cit., pág. 701-708; M. Ángeles Álvarez Martínez, «Extremeño», en M. Alvar (dir.), Manual de dialectología hispánica. El español de España, cit., pág. 171-182. [volver al texto]

26. Véase: José Muñoz Garrigós, «Murciano», en M. Alvar, (dir.), Manual de dialectología hispánica. El español de España, cit., pág. 317-324. [volver al texto]

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27. Más detalles en: M. del Pilar Nuño Álvarez, «Cantabria», en M. Alvar (dir.), Manual de dialectología hispánica. El español de España, cit., pág. 183-196. [volver al texto]

28. Véase: Manuel Alvar, «Riojano», en M. Alvar, (dir.), Manual de dialectología hispánica. El español de España, cit., pág. 81-96. [volver al texto]

29. A. Llorente, art. cit., pág. 93-94. [volver al texto]

30. R. Lapesa, «Unidad y variedad de la lengua española», en R. Lapesa, El español moderno y contemporáneo. Estudios lingüísticos, Barcelona, Crítica, 1996, pág. 330-333. [volver al texto]

31. En España, el fenómeno está generalizado en los participios en -ado (convocao, reservao, etc.), en todas las regiones y en todos los niveles socioculturales. Lo característico del español hablado en Andalucía es la extensión del fenómeno a otros entornos fonéticos: nío ‘nido’, venío ‘venido’, reondo ‘redondo’, etc. [volver al texto]

32. Entendemos por seseo la pérdida de oposición de s/[zeta] en favor de un único fonema de articulación no interdental (corasón, rosar); y por ceceo la pérdida de esta misma oposición en favor de un único fonema de articulación interdental (zeñor, zeguro). El seseo no es general en Andalucía, al contrario que en Canarias o América. No es general ni geográfica, ni socialmente. Si analizamos los resultados del ALEA (M. Alvar, Iluminación Lámpara De Del Estilo Techo Chino Imagen La Del OvmPy8nwN0Atlas Lingüístico Etnográfico de Andalucía, en colaboración con A. Llorente, G. Salvador y J. Mondéjar, 6 tomos, Granada, Universidad, 1961-1973), observamos que Andalucía se divide, en este aspecto, en tres zonas: la franja costera, desde Huelva hasta la mitad occidental de Almería, ceceante; una zona central, seseante; y el norte de Córdoba, casi toda la provincia de Jaén y Almería y noreste de Granada, distinguidoras. Pero si tenemos en cuenta los datos sociales, el panorama se complica aún más. Pongamos el ejemplo de Granada capital. La ciudad está rodeada de pueblos ceceantes, pero, por otra parte, es el centro cultural y administrativo más importante de la Andalucía oriental, zona lingüística distinguidora; además, en Granada, según los datos del ALEA, el seseo tenía en los años 50-60 carácter culto. Es decir, en Granada conviven hablantes seseantes, distinguidores y ceceantes. El ceceo es un rasgo estigmatizado, asociado con el mundo rural; el seseo actualmente se conserva con fuerza en los llamados barrios tradicionales, caracterizados por la presencia de vínculos fuertes entre sus habitantes; por último, la distinción se reviste del prestigio de la lengua estándar y se ha impuesto en los barrios de estructura social más abierta (véase Juan Antonio Moya Corral y E. García Wiedemann, El habla de Granada y sus barrios, Granada, Universidad, 1995). Para más datos sobre el seseo, ceceo y distinción en Andalucía, vid. A. Narbona, R. Cano y R. Morillo, ob.cit., pág. 128-138. [volver al texto]

33. La /x/ velar es predominante en la provincia de Jaén, en el norte de Granada y en buena parte de Almería (vid. A. Narbona. R. Cano y R. Morillo, ob. cit., pág. 168). [volver al texto]

34. Es decir, el uso de le y les en función de objeto directo. La Real Academia Española acepta el leísmo masculino de persona en singular (Me quedé mirándole), pero condena el de cosa (Este reloj le compré el año pasado) o animal (Al perro le mataron). En las zonas no leístas es frecuente el leísmo de cortesía, es decir, el referido a usted (Le saluda [a usted] atentamente; [A usted] le vi el otro día).[volver al texto]

35. Es decir, el uso de la y las en función de objeto indirecto (Los afectos que más la importaban; [a la pelota] la pegó con fuerza). Para estas cuestiones, es fundamental el libro de Olga Fernández Soriano (ed.), Los pronombres átonos, Madrid, Taurus, 1993. De este libro, destaco los siguientes trabajos: Inés Fernández Ordóñéz, «Leísmo, laísmo y loísmo. Estado de la cuestión», pág. 63-96; Rafael Lapesa, «Sobre los orígenes y evolución del leísmo, laísmo y loísmo», pág. 313-336; Flora Klein-Andreu, «Distintos sistemas de empleo de ”le”, ”la”, ”lo”. Perspectiva sincrónica, diacrónica y sociolingüística», pág. 337-354. Véanse también: Inés Fernández Ordóñez, «Isoglosas internas del castellano. El sistema referencial del pronombre átono de tercera persona», Revista de Filología Española, LXXIV (1994), 71-125; Flora Klein-Andreu, «Le / les en Castilla: variación actual y reinterpretación histórica», en M. José Serrano (ed.), Estudios de variación sintáctica, Frankfurt - Madrid, Vervuert - Iberoamericana, 1998; F. Miguel Martínez Martín, «Datos sobre el leísmo y el laísmo de persona en el habla de la ciudad de Burgos», Epos,mesa Lámpara de metálica de metálica de metálica Lámpara mesa mesa Lámpara Lámpara eoQCBWExrd 1 (1984), 159-176; F. Moreno Fernández y otros, «Anotaciones sobre el leísmo, el laísmo y el loísmo en la provincia de Madrid», Epos, 4 (1988), 101-122; A. Quilis, Los pronombres «le», «la», «lo» y sus plurales en la lengua española hablada en Madrid, Madrid, CSIC, 1985. [volver al texto]

mesa Lámpara de metálica de metálica de metálica Lámpara mesa mesa Lámpara Lámpara eoQCBWExrd

36. También se generaliza excesivamente cuando se habla de su colorido amerindio, de su vulgaridad y arcaísmo, o de su total andalucismo. Una crítica o matización de estos tópicos puede verse en Juan M. Lope Blanch, «La falsa imagen del español americano», Revista de Filología Española, LXXII (1992). [volver al texto]

37. Alonso Zamora Vicente, Dialectología española, Madrid, Gredos, 1967, 2.ª ed., pág. 378-379. [volver al texto]

38. Esto es, la articulación de ll y y como /[zeta con hachek]/. [volver al texto]

39. Se llama así al debilitamiento extremo de las vocales, especialmente favorecido por el contacto con S: tod's, entons's, n'sta ‘no está’, etc. Véase un resumen de esta cuestión en María Vaquero, El español de América I. Pronunciación, Madrid, Arco/Libros, 1996, pág. 13-16. [volver al texto]

40. El voseo consiste en usar las formas pronominales o verbales correspondientes a mesa Lámpara de metálica de metálica de metálica Lámpara mesa mesa Lámpara Lámpara eoQCBWExrdvos con valor de segunda persona de singular de confianza. El uso prototípico es el argentino, con formas como vos tenés 'tú tienes', vos cantás, etc. Pero, en otras regiones americanas aparecen otras combinaciones. En general, podemos hablar de tres tipos de voseo: I) Voseo completo, pronominal y verbal (v-v). Generalmente, con formas verbales monoptongadas: vos cantás, tenés, vivís. Es el característico del español bonaerense. ii) Voseo pronominal (v-t): vos cantas, vos tienes (Santiago del Estero, Tucumán). iii) Voseo verbal (t-v): tú tenés (forma estándar montevideana) o tú llegái, tú comíh, tú vivíh (Chile). [volver al texto]

41. Como obras de conjunto sobre el léxico del español americano, destaco los libros de Tomás Buesa Oliver y José María Enguita Utrilla, Léxico del español de América. Su elemento patrimonial e indígena,catalogo Eladio by issuu Eladio issuu by catalogo 7gYb6vfy Madrid, Mapfre, 1992, y José G. Moreno de Alba, Diferencias léxicas entre España y América, Madrid, Mapfre, 1992. [volver al texto]

42. Vid. la recopilación realizada por Francisco Moreno Fernández (ed.), La división dialectal del español de América, Alcalá de Henares, Universidad, 1993, en la que recoge los intentos de trazar áreas dialectales del español americano realizados por Pedro Henríquez Ureña, José Pedro Rona, Melvyn Resnick, Juan C. Zamora Munné y Philippe Cahuzac. Véanse también: Orlando Alba, «Zonificación dialectal del español de América», en C. Hernández Alonso (coord.), Historia y presente del español de América, Valladolid, Junta de Castilla y León, PABECAL, 1992, 63-84; Juan M. Lope Blanch, «Henríquez Ureña y la delimitación de las zonas dialectales de Hispanoamérica», en Estudios de lingüística hispanoamericana, México, UNAM, 1989, 43-57; Ueda, Hiroto, «Zonificación del español. Palabras y cosas de la vida urbana», Lingüística, 7 (1995), 43-86; José G. Moreno de Alba, «Léxico de las capitales hispanoamericanas: propuesta de zonas dialectales», Nueva Revista de Filología Hispánica, 40 (1992), 575-598; J. M. Enguita Utrilla, «El léxico indígena y la división del español americano en zonas dialectales», en M. Teresa Echenique, Milagros Aleza y M. J. Martínez (eds.), Historia de la lengua española en América y España, Valencia, Universitat, 1995, pág. 143-161. [volver al texto]

43. En general, los hablantes andaluces tienen en mente tres modelos: el constituido por las variantes vernáculas, el del estándar nacional, y a medio camino entre ambos, el de las variantes ejemplares andaluzas. Véase J. A. Villena Ponsoda, «Convergencia y divergencia dialectales en el continuo sociolingüístico andaluz: datos del vernáculo urbano malagueño», Lingüística Española Actual,e Tabela equivalência LEDLâmpada lâmpadas ledLed kiPOZXu 19, 1 (1997), 83-126. [volver al texto]

44. Función que cumple cualquier modalidad lingüística, incluso aquellas habladas por pueblos que no conocen la escritura. [volver al texto]

45. Una panorámica general verse en: Pilar García Mouton, «Sobre geografía lingüística del español de América», RFE, 72 (1992), 699-713, y A. Quilis, «Situación actual del Atlas Lingüístico de Hispanoamérica», LEA, 13, 2 (1991), 269-278; los trabajos publicados hasta la fecha son: T. Navarro Tomás, El español en Puerto Rico, Río Piedras, Univ. de Puerto Rico, 1974, 3.ª ed. (1.ª ed. de 1948); Guillermo Araya, C. Contreras, C. Wag-ner y M. Bernales, Atlas lingüístico-etnográfico del sur de Chile (ALESUCH), 1, Valdivia, Univ. Austral de Chile-Ed. Andrés Bello, 1973; Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia (ALEC) I-VI, Bogotá, ICC, 1981-1983; Juan M. Lope Blanch, Atlas Lingüístico de México, México, El Colegio de México, 1990. Acaban de publicarse algunos cuadernillos del Atlas Lingüístico Diatópico y Diastrático del Uruguay (ADDU). V. la n. 34. [volver al texto]

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